Un manantial cálido nos unía
envueltos en ese sudor dulce
nuestros cuerpos se fundían,
se enredaban y se mezclaban enfurecidamente.
El ritual del deseo nos incendiaba
quedando indefensas las almas.
Ángeles en busca del cielo
saboreando, cómplices, el infierno
jugando entre las llamas
la habitación corrompida por una pasión fugaz
iniciada por una debilidad
secretamente compartida...
martes, 11 de enero de 2011
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