De la carne se aleja la vida
creciendo la herida
por el ser querido que inicia la partida.
Llorando insultos
y gritando lágrimas
rostros perplejos aceptan la pérdida resignándose.
Nada es para siempre, todo termina,
no son eternos los momentos
tampoco nuestra mísera vida.
La desaparición del cuerpo
y la lejanía del alma en el ignorado país
de donde nunca
ningún viajero regresa jamás...
La nada y el vacío
el silencio y el frío
en el sepulcro de cemento,
helada morada eterna.
Perpetuando la memoria
los recuerdos de lo vivido,
en compañía del difunto
cuando aún estaba vivo.
Llanto truncando el olvido
en la despedida final
donde la muerte reina victoriosa
en el aire opresor del cementerio.
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